¿Cómo es eso de que das formación y mentorizas sobre negocio y mentalidad, Gabriela?

Te cuento. Verás.

Cuando asumí el primer puesto como directora general me moría del susto.

Pero a las tres horas de llegar a mi nuevo despacho, llamé al CEO del Grupo:

– Parece que hay algo que se te olvidó decirme cuando me explicaste la situación de la empresa. Ahora tú y yo vamos a revisar mi sueldo si no quieres que coja mis cosas y me marche para no volver.

¿Qué era lo que se le había olvidado a mi jefe?

Un detalle: Que no podía andar por los pasillos de la compañía sin un guarda armado a dos pasos de distancia.

¿Te parece exagerado?

Mira lo que pasaba:

El director general que me precedía se había llevado la caja y había dejado embolados de todos colores. 

La situación era tan tensa que tuve que guardar mis espaldas durante semanas.

¿Cómo pasé a tomar las riendas de la dirección?

Esa mañana estaba sentada en la gran silla negra del director anterior, luchando contra unas poderosas ganas de salir corriendo.

Entonces pensé en George, mi mentor.

¿Qué haría George ahora? ¿Cómo afrontaría él la situación?

Salí del despacho y caminé un poco como hacía él, con las manos detrás, en la espalda.

Mientras observaba las instalaciones (escuchando los pasos del segurata por detrás) tuve una conversación imaginaria con mi mentor.

No puedo decir que terminé haciendo lo que él haría. No sé qué es lo que él hubiera hecho.

Pero su manera de pensar y de entender las cosas se me había instalado en la cabeza igual que un software en un ordenador.

Es curioso cómo tu cerebro puede ampliar (o no) sus capacidades.

La misma persona, la misma inteligencia, si se entrena correctamente, puede alcanzar resultados o ideas brillantes. Por ejemplo, aprendiendo a utilizar el pensamiento crítico y ciertos sistemas para la toma de decisiones.

La misma persona, la misma inteligencia, si se deja arrastrar por la presión, por la euforia o por cualquier tipo de emoción, no puede brillar en todo su esplendor.

Ni aprender a mirar su propio negocio como lo hace un director, es decir, con vista de águila.

Por eso, por no aprender y por no entrenar, hay tanta gente (por más inteligente que sea) que dedica horas enteras a “chupar techo”, ese pasatiempo que te deja pensando en mitad de la noche:

¿Cómo pude reaccionar así? ¿Cómo no me di cuenta antes? ¿Cómo dejé escapar esa oportunidad?

Pero volviendo a ese primer día en la empresa.

Volví a negociar las condiciones con mi jefe y decidí cuáles serían los pasos a seguir.

Las ideas fueron 100%  mías, pero las encontré gracias a ese entrenamiento previo.

¿El final de la historia?

Empresa levantada y salario aumentado en justicia.

Pero en serio Gabriela, ¿de dónde sales?
¿Cómo es que das formación sobre negocio y mentalidad y mentorizas a emprendedores?

Escucha

Empecé mi carrera como directora de marketing y ventas. Casi 10 años en eso.

Luego, llegué a la dirección general de filiales de multinacionales.

Con la suerte de que los ejecutivos de las 3 compañías con las que trabajé, me fueron llevando por mercados y negocios diferentes. Pasé años como CEO en varias empresas.

Luego cambié. Empecé a atender empresas en situaciones puntuales.

Me llamaban CEOs y accionistas que se enfrentaban a nuevos retos: mercados disruptivos, crisis organizacionales, situaciones de alto crecimiento que necesitaban repensar sus estrategias. O bien para empresas con situaciones financieras debilitadas que querían una nueva oportunidad.

Entraba, analizaba la situación, reestructuraba y diseñaba e implementaba estrategias nuevas. Cuando todo funcionaba sobre ruedas, hacía la maleta y subía a otro avión.

Antes de marchar, además, escogía y preparaba a alguien que continuara al frente.

Así le tomé el gusto a acompañar a las personas en el proceso de dejar de moverse como un “profesional que sabe mucho de algo” para pasar a desempeñarse como CEO.

Elegía a personas con inteligencia, capacidades y ganas de avanzar y hacía con ellos lo mismo que mi mentor hizo conmigo: los entrenaba para pensar y actuar como directores profesionales.

Cuando llegaba a una empresa, al principio me miraban raro.

Tenía un estilo peculiar.

Para conocer los problemas de cada compañía no me encerraba en el despacho. Además de analizar balances, reunirme con los accionistas o revisar contratos, subía a los camiones para conversar con los chóferes. Si estaba en una fábrica pasaba el turno de noche escuchando al encargado de producción.

Lo que hiciera falta para entender cuál era la situación real.

Entre 1994 y el 2018 tuve más oficinas que un nómada digital: Alemania, Francia, México, UK, Holanda, Bélgica, Suiza.

Recuerdo sin nostalgia los tiempos de aviones, hoteles y apartamentos fríos.

Al contrario de los que quieren ingresos pasivos para no dormir dos meses en el mismo sitio, yo me he convertido en una mujer felizmente sedentaria gracias a la oficina virtual.

Ahora la maleta está en lo alto de un armario de mi casa de Málaga.

Gabriela

Desayuno siempre en el mismo bar. Disfruto del sol casi todo el año. Cuando suena el teléfono suele ser un dueño de empresa que quiere hablar de su negocio.

Soy una especie de madrina de dueños de negocios.

Hago cosas simples: escuchar, analizar, preguntar, medir, reflexionar, confrontar, recomendar, escribir, contestar correos de alumnos…

Porque todos necesitamos cuidado y atención. Nadie puede vaciar su mente y desactivar circuitos de pensamiento si no cuenta con un entorno seguro y una persona de confianza que lo confronte y a la vez lo anime a superar sus límites.

¿Cómo puede alguien realmente avanzar si ignora lo que no sabe?

Es realmente complicado. Por eso se dice, con tanta razón, que la mayor causa de un fracaso emprendedor no es lo que no se sabe, sino lo que no se sabe que se ignora.

La buena noticia es que podemos aprender a pensar, a observar. Y a decidir. Que eso se aprende y se entrena.

Cada vez que ves a un tipo relajado que lleva una empresa exitosa, no estás viendo a alguien que tiene más suerte que tú.

Estás viendo a alguien que aprendió a analizar, a pensar y a decidir. A alguien que sabe reconocer una oportunidad cuando aparece y que sabe aprovecharla (vaya, lo que el mundo llama “tener suerte”).

Si eres dueño de un negocio, tu oficio no es apagar fuegos ni correr como pollo descabezado, sino crear estrategias, implementarlas y recoger los frutos.

Tu negocio necesita dirección profesional.

Y de la misma manera que un tenista entrena el saque y la volea sudando la camiseta, no leyendo libros, para dirigir tu negocio tú te entrenas mejorando tus actitudes y tus reacciones, observando qué es lo que no ves y pensando en cómo piensas.

Con el tiempo la actitud asertiva se convierte en parte de tus reflejos naturales

Eso es lo que les sucede a los alumnos de mis cursos Conversaciones de negocios con emprendedores inteligentes (y guaposy Conversaciones de Mentalidad y desarrollo personal  con emprendedores inteligentes (y guapos). Nota mental: pensar si me he pasado con los títulos largos.

También les sucede a los clientes que pasan por la mentoría.

Pero no nos avancemos.

Antes de hablarte del curso y de la mentoría, lo lógico es que conozcas la filosofía con la que trabajo, qué cosas sé y cuáles no sé, qué bagaje realmente tengo, y así valoras en qué puedo serte útil.

Suena lógico.

¿Y cómo saber todo eso?

Dejando tu email y leyendo los correos que envío a los suscriptores. Algunos te sorprenden con ideas que quizás nunca hayas escuchado. Otros son historias de negocio y de problemas de negocio.

Pero mejor los lees tú, luego hablamos.

Te das de alta, lees. Si crees que es para ti, me escribes.
En cambio si te parece que no te valen para nada, te das de baja con un clic. Es muy muy fácil.

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En números que impresionan

Bien.

Ahora hablemos de ti y de tu negocio.

Que, por cierto, ni tiene por qué facturar 35 millones ni tener 600 empleados para aportar una calidad de vida superior a la que tienes ahora.

Sea el que sea el punto en el que estás, juegues en la liga que juegues, no solo tienes una marca: eres gerente de tu negocio.

¿Y cómo se aprende a manejar un negocio?

Cambiando la manera de ver las cosas.

¿Y cómo se hace eso?

Pues… formándote primero y sumándote además a quienes piensan que «pagas errores o pagas mentores»

No sé cómo lo ves tú, pero parece más económico formarse y pagar un mentor.

Mejor aprovechar la experiencia de quien ya ha pasado por donde estás ahora, no una, ni dos, sino muchas veces.

Todavía mejor si ya ha pasado por donde tú tal vez quieras estar en algún momento.

Entonces,

si crees que puedes beneficiarte formándote y trabajando conmigo, doy por hecho que estos asuntos los miras con lupa.

Sabes que antes de reconocer a alguien que esté en sintonía con quién eres, hace falta olfatear cómo piensa. Conocer lo que cree, y sobre todo, saber qué tonterías NO cree acerca de dirigir negocios.

¿Cómo lo podemos solucionar?

Muy simple. Dejas tu correo y yo te voy enviando reflexiones, historias y píldoras de temas de negocio.

 Hasta que un buen día decides comprar un curso, hacerme una consulta, contactar para una mentoría, o darte de baja.

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