Mi segunda carrera

Bolero Ranchera - Novela epistolar

«Hagamos del oficio de dirigir algo digno de ser llamado oficio»

«Y hagámoslo juntos.»

Empezar una segunda carrera profesional es un poco como empezar un segundo matrimonio.

En realidad es como casarte por segunda vez con la misma persona, diría. Tienes ocasión de repetir porque sabes que te encanta la idea, pero llevas alguna mochila con lo bueno y otra con lo malo.

(De haberlo pensado antes, podría habérselo preguntado a Elizabeth Taylor o a Richard Burton, que eran adictos a casarse entre sí. Ahora es tarde)

Bien, el hecho.

Cuando yo empecé mi segunda carrera, tomé algunas muy buenas decisiones.

La primera fue decidir fijar mi posicionamiento antes de moverme. Deformación de decisiones estratégicas, supongo, querido Watson.

Mientras eso no estuvo claro, paseé por todo tipo de caminos, por bosques y bosquecillos y aprendí muchísimo. Todo mientras encontraba mi segunda piel y mi segunda carrera, sin cambiar de oficio.

De modo que sobre mi posicionamiento, tomé dos decisiones.

  1. Decidí que iba a hablarle exclusivamente a las empresas familiares.
    • Con esto dejaba de lado todas las grandes corporaciones de propiedad no familiar, pero es una gran decisión. En un momento te cuento bien por qué.
  2. Decidí que yo no quiero ser consultora.

Es cualquier cosa, menos una decisión menor.

No quiero ser consultora de estrategia, ni de gestión operativa, ni de mejora continua, ni de nada.

No quiero ser consultora.

Un buen trabajo de reflexión y autoconocimiento me llevó a la conclusión (quizás evidente) de que quienes hemos estado en primerísima línea de decisión no debemos asumir el rol de consultor en una organización ajena.

Las dificultades de separar los propios mecanismos de decisión ejecutivos serían en muchos casos, una dificultad en la relación con la empresa cliente.

Y eso sería injusto para ambas partes.

«No mandes a quien mandó»

Creo que ese dicho te da una imagen muy nítida de mi sensación, y por tanto, de mi decisión.

Sin embargo,

y esto es importante

Sin embargo,

sí quiero, con auténtica devoción, aconsejar, acompañar a CEO en sus propios caminos para tomar decisiones.

Esa relación de igual a igual, de oyente y de cómplice, de compañía y complemento, me parece un privilegio fascinante.

No me gusta del todo la palabra mentoría, porque parece que llevara «adosada» una imagen de alguien que sabe más guiando a quien sabe menos.

Y no es eso lo que yo veo en mi manera de acompañar CEOs o familiares en posiciones ejecutivas. Yo veo la imagen de un igual, en complicidad con otro.

Tú tendrás la responsabilidad de la decisión última, seguro, pero yo te podrá decir lo que veo de sombras que a ti se te escape, los ángulos muertos que no sean evidentes, como esas columnas de los garages que parecen salidas de la nada cuando damos marcha atrás.

Porque detectar los sesgos de un igual para ayudarle a mejorar, es una tarea respetuosa y gratificante.

Porque aportar Modelos Mentales, modelo de negocio, atajos, o experiencias vividas que eviten caer en el error, en el camino que no avanza…

Poder hacer eso con un gerente, un director general, un CEO, es un privilegio, donde los haya.

Si la idea te motiva y te sugiere un camino de mejoras, clica donde dice «hablemos» y… hablemos 

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